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A 3 años de Papado de Francisco

Damián | 17:38:00 | 0 comentarios

Hace exactamente tres años llegaba al sillón de San Pedro el Papa Francisco I, un hecho que generó muchas expectativas de cambios. Jorge Bergoglio no tardó en marcar su impronta mediática, para resaltar o criticar, pero su principal herencia parece venir por las reformas que quedarán detrás del balcón de gobierno.

Una de las piedras fundamentales para poder construir una transparencia es la capacidad de comunicar. El Papa Francisco tiene una gran facilidad para generar titulares con pequeños gestos como lavar los pies de personas privadas de la libertad. Pero en forma paralela también se reformó la disponibilidad de la información interna de la Iglesia. No son noticias que generan grandes cabeceras pero si marcan antecedentes vitales en la política estructural. En los últimos tres años se comenzó a digitalizar los archivos históricos para que sean de acceso público por Internet, en total 80 mil escritos de diversos géneros y relevancia.
Si la transparencia tiene un objetivo primordial, entonces ese debe ser la Justicia, una de las mayores deudas que tuvo la Iglesia. A menos de 24 horas de asumir su papado Francisco hizo expulsar de la Basílica Santa María Mayor al cardenal Bernald Law condenado por encubrir casos de abuso sexual. Detrás de esta acción de alto impacto mediático siguió una reforma menos visible. Uno de los miembro del Concejo de Cardenales y principales aliados es el cardenal norteamericano Seán Patrick O'Malley. Proveniente de la orden de los Capuchinos, O´Malley no solo fue el sucesor de Law en Boston; sino que además fue quien avanzó junto con el FBI para llevar a la Justicia a los curas denunciados por abuso sexual. En total se registraron 16.000 casos desde 1950.
Si bien se han marcado antecedentes importantes como el caso Law o Maciel, aun queda mucho por avanzar en esta materia. Habrá que ver como evoluciona el desempeño judicial de la reciente Comisión para la Tutela de Menores, el cual se oficializó recién a mediados del 2015.

Atrás parece haber quedado la imagen de aquella Iglesia Católica Romana que recorría el mundo hablando de la paz y la moral, pero solo mediadora de última instancia en los conflictos. Si bien queda a la opinión persona de cada persona cuál debe ser el rol del Vaticano dentro de la política nacional/internacional, en los últimos años vemos una presencia más fuerte. Los Presidentes Barack Obama y Raúl Castro afirmaron que el histórico acercamiento fue gracias a la intermediación del Papa. Un intento de cerrar algunas de las tantas fracturas sociales que existen en nuestro mundo y que han generado millones de muertes. No es un dato menor que desde la Iglesia se comiencen a denunciar los genocidios del pasado y del presente como el Armenio y el Sirio.
Por otro lado la publicación del “Laudato Si” en defensa del medioambiente presionó a que muchos políticos y empresarios acepten el debate. Una postura que fortaleció la lucha de las ONG y las comisiones de la ONU. Posiblemente estas libertades políticas que se comenzaron a ver dentro del Vaticano se vinculan con el proceso de transparencia en su banco, el IOR, para que deje de ser un paraíso financiero. Desde 2013 se cerraron más de mil cuentas sospechosas, se actualizaron los marcos legales, y hasta se comenzó a colaborar con la Justicia italiana para procesar funcionarios como monseñor Nunzio Scarano y monseñor Vallejo Balda.

Aun así por desgracia quedan muchas deudas sociales dentro de la institución, principalmente los ligados a la vida privada de las personas. Si bien el Sínodo Extraordinario de Obispos del 2014 no generó las reformas que parte de los creyentes esperaban, si continúo el trabajo mediante otros gestos. En su momento se escuchó a Francisco decir que él no era nadie para juzgar la sexualidad de las otras personas. Recientemente hizo reformar el protocolo oficial de las visitas para poder recibir en forma conjunta a los matrimonios no oficializados por la iglesia, como ocurrió con el viaje de Mauricio Macri y Juliana Awada.

Con frecuencia se puede observar una iglesia católica institucionalmente anticuada a la cultura occidental del siglo XXI. Nos hemos acostumbrado a su hermetismo incluso en los casos de corrupción y/o abuso más trágicos. Difícilmente un país, como es el Vaticano, cambie de un día para el otro. Nos guste o no nos guste los procesos sociales y políticos pueden llevar generaciones enteras para exponer resultados concretos; pero lo importante es comenzarlos en algún momento.

Por Sosa Damián E.

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